Don el funcionario

“Me vendría bien una galleta.”

El buen Donald era, hasta hace muy poco, un auxiliar administrativo en algún oscuro ministerio. Toda su carrera profesional consistió en mover papeles, pero Donald disfrutaba de su vida tranquila y ordenada. Los gobiernos vienen y se van, pero quien quiera que esté en el poder siempre necesitará a la burocracia. Por supuesto, Don se dio cuenta de que algo no iba bien cuando, en su informe diario, en lugar de su habitual inclinación de cabeza su Ministro trató de usarlo como merienda, lo cual fue totalmente inapropiado y descortés, y él no tuvo más remedio que reventarle el cráneo con un busto de Winston Churchill. Ahora la pesada responsabilidad de organizar una nueva sociedad descansa sobre los hombros de Don. Por supuesto, las cosas tienen que hacerse como es debido: confiscación de munición, racionamiento de comida, organización de turnos para dormir y todo eso. Sin embargo, disfruta bastante ejecutando a los anárquicos e inadaptados zombis.

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